El gobernador que le puso el alma al campo: el milagro silencioso de Risaralda que hoy exporta valor

  • La apuesta liderada por el gobernador Juan Diego Patiño Ochoa acercó la agenda departamental al sector rural y fortaleció una estrategia enfocada en asociatividad, transformación productiva y apertura de mercados para pequeños productores.

Pereira, Risaralda, 26 de mayo de 2026.

El departamento, históricamente reconocido por su tradición cafetera, empezó a diversificar su economía rural alrededor de cadenas como panela, cacao, plátano, piscicultura, frutas y agroindustria. Pero el verdadero cambio no estuvo solamente en producir más, sino en lograr que pequeños productores participaran también en procesos de transformación, comercialización y exportación que durante décadas estuvieron concentrados en terceros.

Detrás de esa transición ha estado la visión impulsada por el gobernador Juan Diego Patiño Ochoa, quien desde su formación como zootecnista convirtió el fortalecimiento del campo en uno de los ejes económicos del departamento, apostándole a las cadenas productivas organizadas, asociatividad y apertura de nuevos mercados para las familias rurales.

Hoy, el sector agropecuario representa cerca del 6 % del PIB departamental y mantiene una dinámica económica estimada entre $1,4 y $1,6 billones, con una proyección de crecimiento del 3,1 % para 2025.

LAS CIFRAS DE COMERCIO EXTERIOR

Las cifras de comercio exterior empiezan a reflejar esa evolución. En 2025, Risaralda alcanzó exportaciones por USD 779,2 millones y cerca del 23,8 % correspondieron al sector agropecuario. Aunque el consolidado departamental registró una disminución frente a 2024, el agro mantuvo una participación sólida dentro de la economía regional.

Café, aguacate Hass, plátano, frutas y productos agroindustriales continúan ampliando la presencia del departamento en mercados internacionales, mientras que en 2024 Risaralda logró además un crecimiento del 54,6 % en exportaciones no minero-energéticas, una de las cifras más altas del país.

La caficultura sigue siendo el principal motor económico rural del departamento y mueve más de $1 billón anual. Sin embargo, en distintos municipios comenzó a construirse una nueva visión del negocio cafetero.

DEL CAFÉ TRADICIONAL AL CAFÉ CON VALOR AGREGADO

En un país donde gran parte de los productores todavía vende café sin participar en etapas posteriores de la cadena, varias asociaciones risaraldenses empezaron a operar modelos integrados que hoy incluyen laboratorio de calidad, trilla, torrefacción, marcas propias y exportación.

Uno de los casos más representativos se encuentra en Santuario, donde Asocafé Tatamá reúne a 95 familias productoras y opera prácticamente toda la cadena de valor del café. La asociación produce cerca de 18.000 kilos anuales y transforma alrededor de 5.000 libras mensuales entre café propio y servicios de maquila.

En Belén de Umbría, Cuchilla de San Juan agrupa a 106 productores y opera la única central de beneficio de esta capacidad en Risaralda. Su infraestructura permite procesar hasta 45.000 kilos diarios de café cereza y cuenta con tecnología Giesen para torrefacción, laboratorio de calidad y capacidad exportadora superior a cuatro contenedores anuales.

Otros modelos avanzan hacia nichos altamente especializados. Asocafé Manantial, en Dosquebradas, integra a 150 productores y fortalece procesos de cafés especiales, mientras que Amcecafé, en La Celia, reúne a 36 asociadas principales y 87 honorarias en un modelo liderado por mujeres productoras, enfocado en cafés diferenciados y vinculado incluso a programas especializados como cafés de mujer de Juan Valdez.

La inversión destinada al fortalecimiento de la cadena cafetera supera los $11.300 millones.

JÓVENES QUE DECIDIERON QUEDARSE EN EL CAMPO

Uno de los mayores desafíos del agro colombiano sigue siendo el relevo generacional. En Risaralda algunas organizaciones comenzaron a convertir ese problema histórico en una oportunidad de innovación rural.

En Quinchía nació en 2022 Plantesa, integrada por 25 jóvenes que desarrollaron un modelo basado en producción agrícola, transformación agroindustrial y comercialización.

De allí surgieron productos como TesaCoffee, Tesa Harina y Tesa Chips, esta última con presencia internacional. El proyecto también impulsa la denominada “Granja del Futuro”, una iniciativa enfocada en formación técnica, empresarial y tecnológica para nuevas generaciones rurales.

La inversión institucional destinada a este proceso supera los $2.100 millones.

PANELA Y CACAO: EL NUEVO ROSTRO DEL AGRO RISARALDENSE

La transformación también comenzó a sentirse en cadenas tradicionales como la panela y el cacao, históricamente relegadas a esquemas básicos de producción.

En Quinchía, Asopanela reúne a 123 productores de caña panelera bajo un modelo basado en producción sin agroquímicos, prácticas orgánicas y protección del recurso hídrico. La certificación internacional obtenida por la asociación abrió nuevas oportunidades en mercados especializados.

El acompañamiento institucional supera los $19.000 millones entre fortalecimiento empresarial, maquinaria, asistencia técnica y acompañamiento comercial.

En el mismo municipio, Asocacao Quinchía agrupa a 70 núcleos familiares que avanzan en transformación y comercialización de chocolates artesanales bajo la marca “Míchua”.

La organización hace parte de la estrategia “Risaralda también sabe a chocolate” y recibió acompañamiento mediante material vegetal, maquinaria, insumos y asistencia técnica agronómica, comercial y agroindustrial.

La inversión supera los $1.800 millones y actualmente se estructura un nuevo proyecto cercano a los $10.000 millones para fortalecer la competitividad de la cadena cacaotera.

EL CAMPO DEJÓ DE COMPETIR SOLO POR VOLUMEN

Actualmente, Risaralda cuenta con 231 asociaciones agropecuarias legalmente constituidas. La inversión institucional ejecutada supera los $100.000 millones destinados a maquinaria, equipos, fortalecimiento productivo y acompañamiento técnico.

A este proceso también se suma Hecho en Risaralda, estrategia creada en 2021 para conectar productores locales con mercados nacionales e internacionales. La iniciativa impulsada por la Gobernación supera hoy los 300 licenciatarios, más de 20.000 contactos comerciales y negocios por encima de los $15.000 millones, consolidándose como una de las principales plataformas regionales para productos con valor agregado.

El reto ahora será sostener el crecimiento y convertir estos modelos en procesos cada vez más escalables. Pero Risaralda ya comenzó a enviar un mensaje que empieza a resonar en otras regiones del país: parte del agro colombiano dejó de competir únicamente por volumen y empezó a hacerlo por transformación, diferenciación y valor agregado.

Información – Fotos: Prensa Gobernación de Risaralda



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