Entre la nostalgia y la felicidad: el sueño de Ana María López Rebellón que hoy se convierte en realidad

El camino que hoy lleva a Ana María López Rebellón a recibir su título como Licenciada en Tecnología con énfasis en Comunicación e Informática Educativa comenzó hace varios años en Belalcázar, Caldas, cuando buscaba una carrera que reuniera dos de sus grandes pasiones: el arte y la tecnología. Lo que inició como una recomendación de amigos terminó convirtiéndose en una de las experiencias más gratificantes de su vida.

La Universidad Tecnológica de Pereira y su Facultad de Ciencias de la Educación, fue el lugar donde encontró ese espacio para crecer académicamente, descubrir nuevas vocaciones y construir su proyecto de vida. Sin embargo, el proceso implicó también grandes retos, entre ellos dejar atrás la cercanía diaria con su familia para iniciar una nueva etapa en otra ciudad, “cuando me di cuenta que pasé a la UTP, me emocioné demasiado. Mi mamá me brindó todo su apoyo y eso hizo que la transición no fuera tan fuerte. Durante estos años nunca me sentí sola porque siempre sentí su respaldo incondicional», recordó Ana María.

A lo largo de cinco años de formación, encontró en sus compañeros, docentes y amigos una segunda familia. La Facultad de Ciencias de la Educación se convirtió en un lugar de aprendizaje, crecimiento y acompañamiento permanente, donde no solo adquirió conocimientos académicos, sino que también fortaleció su carácter, su autonomía y su visión profesional.

Pero su historia y su paso por la universidad tiene además una compañera muy especial: Zamba, una perrita que llegó a su vida hace un año y que terminó convirtiéndose en un apoyo fundamental durante la etapa final de su carrera, “Zamba es mi mascota de apoyo. Mi pareja y yo la adoptamos hace un año y desde entonces nuestra vida cambió mucho. Ella ha sido mi compañera durante este último año y me ha acompañado en la universidad. Todos la recibieron con mucho cariño y siempre logra sacar una sonrisa», contó. 

Durante gran parte de sus jornadas académicas, Zamba estuvo a su lado en la facultad, acompañándola en clases y convirtiéndose en una presencia familiar para estudiantes y docentes, “ella siempre está al lado mío. No necesita decir una palabra; con su compañía y su forma de estar presente ha sido el mejor apoyo», expresó emocionada Ana María.

Al recordar su paso por la Universidad, reconoce que uno de los mayores desafíos fue precisamente la distancia con su familia. Sin embargo, asegura que cada obstáculo le permitió crecer y descubrir fortalezas que desconocía, “la universidad me acogió de una manera impresionante. Llegar sola fue complejo, pero tuve maestros increíbles y personas que me apoyaron muchísimo. Esa ausencia de mi familia la fui llenando con los amigos y compañeros que encontré aquí», afirmó.

Más allá de los aprendizajes técnicos y profesionales, considera que el mayor logro fue su transformación personal, “no soy la misma Ana María que entró hace cinco años. La experiencia de aprender, crecer como persona y como profesional ha sido lo más significativo de todo este proceso», señaló.

Su paso por la Facultad también estuvo marcado por la participación en diferentes procesos académicos y de apoyo institucional, experiencias que le permitieron acercarse al mundo profesional y descubrir nuevas posibilidades para su futuro, “mi proceso dentro de la facultad fue enriquecedor. Poder apoyar al profe Juan David en diferentes proyectos me permitió aprender muchísimo y encontrar personas que me ayudaron a crecer tanto en lo profesional como en lo personal», manifestó.

Hoy, a pocas horas de recibir su diploma, la emoción se mezcla con la nostalgia de cerrar una etapa que transformó su vida. La ceremonia tendrá un significado especial, no solo para ella, sino también para su familia, “estoy cumpliendo un sueño, pero también es un sueño de mi mamá y de mi abuela. Soy la primera nieta de mi abuela que se gradúa de la universidad y sé que para ellas este momento también es muy importante», resaltó la futura licenciada.

Antes de cerrar este capítulo, Ana María quiso compartir un mensaje con quienes apenas comienzan su camino universitario o atraviesan momentos de incertidumbre durante su formación, “lo que más les recomiendo es que vivan las experiencias, que se arriesguen y que no tengan miedo de fracasar. Muchas respuestas no llegan al comienzo, aparecen en el camino. Cuando uno se arriesga, encuentra lo suyo y descubre todo lo que es capaz de lograr», expresó.

Ahora, su meta es ingresar al mundo laboral sin dejar de lado la formación continua. Su interés por el cine, las narrativas audiovisuales y el poder de las historias para transformar realidades seguirá guiando los próximos pasos de una joven que llegó desde Belalcázar con un sueño y que hoy se gradúa convencida de que vale la pena atreverse a perseguirlo.

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Prensa: UTP




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