
Elegir una carrera universitaria no siempre es una decisión lineal; a veces, basta con una palabra acertada en el momento justo para cambiar el rumbo de una vida. Ese fue el punto de partida para Daniela Román, estudiante destacada, quien hoy celebra su título en Ingeniería Industrial, demostrando que la incertidumbre inicial puede transformarse en una trayectoria llena de logros, aprendizaje y crecimiento personal.
“Yo llegué a la universidad con muchísimos miedos Cuando ingresé no tenía claridad de qué estudiar. Tenía muchas dudas», confiesa Daniela al recordar sus primeros días. A esta incertidumbre vocacional se sumaba la preocupación por financiar su educación superior, una inquietud que quedó atrás cuando ganó el premio Bachiller Comfamiliar Risaralda 2020; gracias a este reconocimiento, la entidad cubrió la totalidad de sus estudios, permitiéndole postularse a la universidad inmediatamente después de terminar el colegio.

Su vocación por la Ingeniería Industrial no surgió de un plan calculado, sino del consejo de un docente de colegio a quien recordará siempre con aprecio. Mientras evaluaba opciones como Administración de Empresas, el profesor le sugirió mirar hacia la ingeniería. Esa recomendación la llevó a investigar la oferta académica de la UTP, presentarse y, afortunadamente, ser admitida.
A lo largo de su carrera, el rigor académico la llevó a asumir grandes desafíos, entre ellos, un riguroso trabajo de grado enfocado en evaluar estrategias de cobertura en el Mercado de Energía Mayorista para proteger al usuario regulado en Colombia. Este proyecto, desarrollado en el marco de las líneas de investigación del Laboratorio Financiero de la Facultad de Ciencias Empresariales y el Doctorado en Ingeniería, fue clave en su formación.

Daniela expresa un profundo agradecimiento a figuras clave en tal proceso:
● Harold Salazar, director del Doctorado en Ingeniería.
● Juan Sebastián Arias, su director de tesis.
● Adriana Santa y el equipo del Laboratorio Financiero.
“Sin ellos, mi trabajo de grado realmente no habría visto la luz», señala. Fuera de este proyecto, Daniela también guarda una especial gratitud hacia el profesor Juan Carlos Castaño por su invaluable acompañamiento a lo largo de su etapa universitaria.

Posteriormente, su etapa de prácticas en la empresa desarrolladora de software Indesap supuso un nuevo reto: adentrarse en el campo de la ciberseguridad, un área completamente desconocida para ella hasta ese momento. Con el apoyo continuo de su tutora y su docente guía, además de su capacidad de adaptación, no solo superó la prueba y aprendió la disciplina, sino que logró vincularse y permanecer dentro de la compañía.
Detrás de cada noche de desvelo y de cada parcial aprobado, Daniela reconoce el motor fundamental de su esfuerzo: sus padres. Ellos fueron la base inquebrantable de todo su proceso, a tal punto que, en sus propias palabras, son los verdaderos dueños de este título; este triunfo es, ante todo, el reflejo de su amor y respaldo absoluto.

Esta red de apoyo familiar refleja el sentir de cientos de estudiantes que, con el respaldo incondicional de sus seres queridos estén cerca o a la distancia, ven hoy materializado el sueño de convertirse en profesionales.
Hoy, Daniela mira hacia atrás con la satisfacción del deber cumplido y la certeza de que la UTP fue el escenario donde sus miedos se convirtieron en fortalezas. Su historia es el reflejo vivo de la filosofía de esta casa de estudios: un lugar donde la guía adecuada, el rigor académico y la determinación personal se unen para transformar vidas.



Para Daniela ¡Felicitaciones a la nueva Ingeniera Industrial!
Prensa: UTP















