UN ALCALDE PARA LA CRISIS

Por Humberto Tobón.

Quien sea elegido alcalde o alcaldesa de Pereira para el periodo que comenzará el 1 de enero de 2028 enfrentará una ciudad en plena reconstrucción. Para entonces, las obras deberán estar en marcha y los recursos necesarios, estimados por el actual alcalde en 13 billones de pesos, tendrán que estar asegurados.

Varios funcionarios han renunciado a sus cargos para quedar habilitados electoralmente. Algunos de ellos aspiran a participar en la contienda por la Alcaldía en un momento decisivo para el futuro de la ciudad.

Ante este panorama surge una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿tienen esos aspirantes la preparación y la capacidad para liderar, durante esos próximos cuatro años, la recuperación de Pereira después del terremoto?

La ciudad no necesita un gobierno concentrado solamente en ferias, fiestas y alumbrados. Tampoco puede quedar en manos de alguien débil frente a la inseguridad, o un interesado en convertir el cargo en una plataforma política o uno dedicado a gobernar con anuncios de corto plazo y apariciones en redes sociales.

Pereira necesita un liderazgo capaz de transformar la ciudad tanto en su infraestructura como en su realidad social. El riesgo es que una persona con esa visión quizá no cuente con el respaldo de sectores políticos que se resisten a ceder poder o a dejar de lado sus intereses particulares.

Por eso, la ciudadanía tendrá un papel decisivo. Pereira requiere electores informados, responsables y dispuestos a defender un futuro más seguro y próspero para las próximas generaciones. En ese propósito deben hacerse sentir quienes hablan de pereiranidad y civismo.

Una mala administración entre 2028 y 2031 podría agravar la crisis y hacer que Pereira pierda su condición de ciudad referente en el occidente colombiano. Hay ejemplos cercanos de capitales que tardaron años en recuperarse después de varias alcaldías desacertadas.

El terremoto dejará consecuencias profundas: más pobreza y desempleo, problemas de vivienda, mayores desafíos de seguridad, pérdida de competitividad y unas finanzas públicas debilitadas por la reducción del recaudo y el crecimiento de la deuda. La pregunta es inevitable: ¿podrá un alcalde sin la preparación y la experiencia suficiente conducir una recuperación de esta magnitud?

Economista y Periodista



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