ENTRE LA EXIGENCIA Y LA RESILIENCIA

 Juan Carlos Valencia Montoya ,presidente de la Asamblea Departamental de Risaralda

Han pasado más de un mes desde el sacudón de la tierra el pasado 10 de agosto. Tras atender a los heridos, despedir a nuestros muertos y despejar las calles, comenzó la demolición de las estructuras colapsadas.

Pasados los primeros días, la ciudadanía transitó del impacto inicial a una cruda realidad: viviendas agrietadas, una ciudad aporreada y la zozobra de una reconstrucción que tropieza con la evidente lentitud del Estado.

Mientras diversos expertos calculan que la recuperación tardará entre 6 y 7 años, el informe de INGEOMAR proyecta una cifra demoledora: 40 años para recuperar lo perdido.

Ante este panorama, surge un dilema sobre cómo debemos contar nuestra historia.

¿Mostramos un escenario caótico y de ciudad fantasma para captar la atención del Gobierno Nacional y acelerar el Fondo Milagro, a riesgo de espantar la inversión y el turismo que tanto necesitamos?

¿O resaltamos que esta tierra está conformada por titanes que desde la hora cero demostraron que el civismo sigue vivo, atendiendo la emergencia, recogiendo escombros y reconstruyendo con recursos propios sin sentarse a esperar milagros?

Ambas posturas no se excluyen; son verdades complementarias.

Tenemos la obligación de exigir la presencia efectiva del Gobierno Central —sin el cual la reconstrucción será cuesta arriba— y la activación inmediata del Fondo Milagro.

Sin embargo, esa exigencia no significa quedarnos paralizados a la espera de respuestas externas.

Nuestra gente ha demostrado estar por encima de la tragedia: el ADN cívico se activó, la ciudad superó el estupor y comprendimos que nadie hará por nosotros lo que no estemos dispuestos a hacer. La reconstrucción del tejido social nos compete a todos.

El futuro depende de nuestra capacidad para planear e iniciar la recuperación hoy.

No podemos pretender que nada pasó; por el contrario, tenemos un compromiso con la historia: el deber de avanzar, transformar y superar con creces la ciudad que teníamos.

Juan Carlos Valencia



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