La UTP renovó por diez años su permiso de vertimientos. Así garantiza el tratamiento del agua antes de devolverla a una fuente hídrica 

El permiso de vertimiento se renovó por un periodo de diez años, otorgado por la CARDER, lo que le permite continuar descargando agua tratada a una fuente hídrica, cumpliendo con los parámetros exigidos por la norma. El proceso incluye tratamiento biológico mediante microorganismos y monitoreo permanente de Gestión de Servicios Institucionales.

El permiso de vertimiento es un requisito legal para poder devolver a una fuente hídrica el agua residual doméstica generada en el campus, luego de ser tratada en su Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR).

Mónica Soto, profesional del Centro de Gestión Ambiental, explicó que este proceso implica un seguimiento técnico y normativo. “Los permisos de vertimientos son un requerimiento directo desde todas las corporaciones, que lo que buscan es que los generadores de vertimientos de agua residual doméstica o no doméstica, remuevan su carga contaminante antes de devolverlo a una fuente”, afirmó.

La planta recoge cerca del 85% de las aguas residuales domésticas del campus —provenientes principalmente de baños, lavamanos y cafeterías— y las somete a un proceso técnico que incluye separación física de sólidos, aireación e intervención biológica. “Nos aseguramos que a la salida del tubo ese vertimiento ya cumpla con los parámetros que nos establece la norma. Así disminuimos el impacto ambiental y nos aseguramos de que la quebrada mantenga sus condiciones ecológicas aguas abajo”, agregó.

La renovación del permiso, explicó, se logra tras presentar a la corporación ambiental el detalle completo del ciclo del agua dentro del campus. “Lo que le contamos a la corporación es cómo la tomamos, en qué la usamos, cómo la tratamos y cómo se las vamos a devolver. Con la renovación y el análisis de esos rangos es que logramos renovar el permiso”, indicó.

El proceso de tratamiento puede remover entre el 80% y el 99% de la carga contaminante, dependiendo de las condiciones del agua. En esta planta se emplean bacterias aerobias —que requieren oxígeno— para degradar la materia orgánica.

Miguel Ángel Uribe, también profesional del Centro de Gestión Ambiental encargado de los procesos de educación, explicó que el sistema simula el funcionamiento natural de un ecosistema. “No se utilizan químicos, sino los mismos microorganismos y bacterias para hacer la limpieza del agua”, afirmó.

Miguel detalló que el proceso incluye una primera etapa de separación física en desarenadores y cámaras de alivio, seguida de una cámara de aireación donde se inyecta oxígeno para facilitar la degradación biológica. “Lo que se busca es simular cómo funcionaría el comportamiento normal de un ecosistema en condiciones de estabilidad”, explicó.

Además de su función operativa, la planta cumple un papel pedagógico. “Este es un laboratorio vivo también para la educación y para la investigación”, destacó Miguel Uribe, quien lidera procesos de educación ambiental. El espacio recibe visitas académicas para fortalecer la conciencia sobre la importancia del agua y la gestión responsable de los residuos.

La operación diaria de la planta está a cargo de Gestión de Servicios Institucionales y  el Centro de Gestión Ambiental realiza monitoreo, seguimiento de indicadores y acompañamiento técnico en los procesos de renovación de permisos.

Los profesionales hicieron un llamado a la comunidad universitaria a hacer un uso responsable del sistema de alcantarillado. Elementos como pañitos húmedos, toallas higiénicas afectan la operación de la planta y deben ser retirados manualmente por el personal encargado.

Prensa: UTP



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