
- En el Día del Campesino, Esta es la historia de una campesina que durante más de cuatro décadas ha hecho del campo su hogar, su escuela y su proyecto de vida.
Pereira, Risaralda, 2 de junio de 2026.
Mientras gran parte de la ciudad aún duerme, Luz de Fátima ya está de pie. El canto de las aves y el aire fresco de la mañana anuncian el inicio de una nueva jornada. Así ha sido durante los últimos 40 años, una rutina marcada por el trabajo, la constancia y el amor por la tierra.
Para esta mujer rural risaraldense, ser campesina tiene un significado profundo: “ser campesino es sembrar vida”. Una frase sencilla, pero que resume décadas de esfuerzo y dedicación en medio de cultivos, cosechas y sueños sembrados en cada rincón de su finca.
Su historia en el campo comenzó de la mano de su esposo, un hombre campesino que le enseñó el oficio y le mostró el valor de trabajar la tierra. Desde entonces, encontró en la ruralidad no solo una forma de sustento, sino una manera de entender la vida.
LA TIERRA QUE ENSEÑA Y TRANSFORMA

Con el paso de los años aprendió que detrás de cada cultivo existe una historia. Cada semilla representa esperanza; cada cosecha, el resultado de meses de esfuerzo y paciencia.
Sin embargo, el camino no ha estado libre de dificultades. Los altos costos de los fertilizantes, los cambios climáticos y las condiciones de las vías terciarias son algunos de los desafíos que enfrentan diariamente quienes viven del campo. Aun así, abandonar la ruralidad nunca ha sido una opción.
“El campo es mi vida”, afirma con la convicción de quien ha encontrado en la tierra su propósito. Fue precisamente allí donde construyó su hogar, donde vio crecer a sus hijos y donde aprendió que el verdadero progreso también se mide en valores, unión familiar y oportunidades para otros.
Para muchos consumidores, los alimentos llegan simplemente al mercado o a la cocina. Para ella, cada producto que sale de su fincalleva consigo una historia de sacrificio, trabajo y esperanza.
Por eso, cuando piensa en las familias que reciben esos alimentos, siente una profunda satisfacción. “Es muy gratificante. Detrás de cada cosecha siento que transformamos vidas, porque hay más trabajo y podemos dar más empleo a las familias”.
Sus palabras reflejan una realidad que muchas veces pasa inadvertida: el campo no solo produce alimentos, también genera bienestar, oportunidades y desarrollo para cientos de familias rurales.
EL LEGADO QUE NO PUEDE PERDERSE

Las enseñanzas que recibió de sus abuelos continúan presentes en cada jornada. De ellos heredó mucho más que conocimientos agrícolas; heredó el amor por la tierra y la convicción de que el trabajo honesto tiene el poder de transformar comunidades.
Por eso, uno de sus mayores anhelos es que las nuevas generaciones mantengan vivo ese legado. “Ellos son el futuro”, asegura al referirse a los jóvenes que algún día tendrán la responsabilidad de continuar cultivando la tierra y preservando las tradiciones campesinas.
En una época donde muchos jóvenes migran hacia las ciudades, historias como la suya recuerdan la importancia de fortalecer el relevo generacional y valorar el papel fundamental que desempeña la juventud rural en el desarrollo del territorio.
SI NO HAY CAMPO, NO HAY ALIMENTO

Quizá una de las reflexiones más profundas surge cuando habla sobre la falta de reconocimiento que aún enfrenta el sector rural.
“Me duele ver cómo discriminan el campo, cuando si no hay campo, no hay alimento”. Una frase que resume una verdad irrefutable: detrás de cada taza de café, de cada fruta, de cada verdura y de cada alimento que llega a la mesa de los risaraldenses, existe el esfuerzo silencioso de miles de campesinos que trabajan todos los días para alimentar al país.
UN HOMENAJE A QUIENES CULTIVAN LA VIDA

En el Día del Campesino, la Gobernación de Risaralda exalta la labor de hombres y mujeres que, con sus manos, construyen bienestar, preservan las tradiciones rurales y garantizan la seguridad alimentaria del departamento.
Porque el campo no solo produce alimentos. Produce esperanza, empleo, identidad y futuro.
Como lo expresa Luz de Fátima mujer campesina que ha dedicado su vida a la tierra: “El campo es vida, es honra, es valor, es esfuerzo, es cultura”.
Y hoy, más que nunca, Risaralda reconoce que en cada campesino late el corazón de nuestro territorio.

Información -Fotos: Prensa Gobernación de Risaralda















