
- Lo que comenzó con un diagnóstico devastador en plena pandemia, hoy se convirtió en una historia de esperanza. Vanessa recibió una segunda oportunidad de vida gracias a la donación de un riñón y hoy comparte su testimonio para promover la cultura de donación de órganos y tejidos en Risaralda.
Pereira, Risaralda, 12 de mayo 2026.
“Yo pensé que mi vida se había acabado”. Esa fue la primera sensación que atravesó a Vanessa Restrepo Cortés cuando escuchó el diagnóstico que cambiaría para siempre su historia: falla renal crónica.
Todo comenzó en 2020, en plena pandemia. Un desmayo mientras hacía ejercicio y una posterior convulsión fueron las primeras alertas de un cuerpo que silenciosamente estaba dejando de funcionar. Después de varios exámenes y quince días de incertidumbre, llegó la noticia que nadie espera recibir.
“Los médicos me decían que iba a necesitar un trasplante de riñón, pero yo me negaba a aceptarlo. Pensaba que iba a ocurrir un milagro”, recuerda.
Durante dos años asistió a controles médicos mientras intentaba seguir con su vida. Cantaba, trabajaba y se aferraba a la esperanza de no llegar nunca a una diálisis. Pero el momento llegó. Un viernes recibió la noticia de que el lunes debía entrar a cirugía para iniciar diálisis peritoneal.
Sintió miedo de no volver a trabajar, de no volver a cantar, de perder su independencia y sus sueños. Sin embargo, aprendió a convivir con una rutina que transformó por completo su vida.
UNA VIDA EN MEDIO DE DIÁLISIS PERITONEAL

Durante tres años y medio, Vanessa dependió de la diálisis peritoneal. Sus días estaban marcados por horarios estrictos, procedimientos médicos en casa y un agotamiento constante que poco a poco fue deteriorando su cuerpo.
“Uno empieza a perder energía, el cuerpo cambia, ya no puedes hacer tu vida igual. Era muy duro verme deteriorar físicamente”, cuenta.
Como ocurre con cientos de pacientes renales, comenzó la búsqueda de un donante compatible. Padres, hermanos y familiares cercanos fueron evaluados, pero ninguno pudo donar. Después de cerca de 80 exámenes, Vanessa ingresó a la lista de espera para un donante cadavérico.
Mientras tanto, una persona insistía silenciosamente en darle una nueva oportunidad de vida. Su cuñada.
EL RIÑÓN DE UNA CUÑADA
La hermana de su esposo le propuso en repetidas ocasiones donarle un riñón, pero Vanessa no aceptaba. Solo después de una recaída grave que la llevó a una Unidad de Cuidados Intensivos entendió que tal vez el milagro que tanto le pedía a Dios estaba frente a ella.
“Yo decía: le he pedido tanto a Dios una oportunidad y de pronto Él me la está mandando por medio de ella y yo no la estoy aceptando”.
Comenzó entonces un riguroso proceso médico. Exámenes, valoraciones y entrevistas confirmaron que la decisión de donar era completamente voluntaria y que la donante estaba en perfectas condiciones de salud.
El resultado sorprendió incluso a los especialistas: ambas eran altamente compatibles.
“En la clínica nos decían que eso casi no se veía entre una cuñada”, recuerda Vanessa con emoción.
Días antes del trasplante viajaron a Medellín. Allí, entre nervios, esperanza y oraciones, llegó el momento definitivo. Vanessa incluso hablaba con el riñón que pronto recibiría, imaginando el instante en que ese órgano volvería a darle vida.
El día de la cirugía, las dos permanecieron juntas antes de entrar a quirófano. Vanessa lloraba sin parar. Entonces, su cuñada hizo una oración, “Sentí una tranquilidad impresionante”, dice.
EL TRANSPLANTE FUE UN ÉXITO

Horas después, el trasplante fue un éxito, los cambios fueron inmediatos, la energía volvió, el cansancio desapareció, su rostro comenzó a desinflamarse y, poco a poco, volvió a sentirse viva.
“Cuando abrí los ojos sentí energía al 100%. Fue como volver a nacer”.
Hoy, mientras su cuñada continúa una vida completamente normal y Vanessa sigue su tratamiento con medicamentos inmunosupresores, ambas son testimonio de esperanza, amor y solidaridad.
Pero también de la importancia de hablar sobre la donación de órganos y tejidos.
“La tasa de donantes vivos sigue siendo muy baja. Hace falta mucha sensibilización. Donar órganos es salvar vidas, es devolvernos la oportunidad de vivir”, afirma Vanessa.
Desde la Gobernación de Risaralda y la Secretaría de Salud se continúa promoviendo la cultura de donación de órganos y tejidos, invitando a las familias risaraldenses a informarse y comprender que detrás de cada donación existe una historia como la de Vanessa: una historia donde un acto de amor puede convertirse en una segunda oportunidad de vida.
Información -Fotos: Prensa Gobernación de Risaralda















