
Me es imprescindible iniciar estas palabras elevando, desde esta tribuna de la República, un sentimiento de profunda gratitud a Nuestro Señor Jesucristo por bendecir a Colombia y por no haber apartado jamás Su mirada providente de esta tierra bendita. Gracias, Señor, por mantener Tus ojos misericordiosos sobre nuestras montañas, valles, selvas, ríos y mares, por acompañar a este pueblo valiente incluso en las horas más oscuras de su existencia, por sostener a nuestra nación a lo largo de una historia republicana marcada por guerras, violencia, divisiones y tragedias.
He venido a cerrar un largo capítulo de resignación nacional y a emprender, junto al pueblo, la transformación más profunda de nuestro destino. Tiene un inmenso significado que esta posesión presidencial se celebre en el «Cantón militar Pichincha», este lugar honra a quienes conquistaron la libertad y simboliza la presencia de una Fuerza Pública llamada a custodiarla.
Hoy ocuparé la silla que perteneció a Joaquín de Cayzedo y Cuero, prócer y mártir de nuestra independencia, cuya vida quedó para siempre unida a la causa de la libertad. El nombre de Pichincha y la memoria de Cayzedo y Cuero nos recuerdan que la independencia de una nación no se conserva en los libros de historia, debe afirmarse y defenderse cada día, mediante el valor, la disciplina, la unidad y el respeto por la ley.
Desde Cali, ciudad tan íntimamente vinculada a la vida nacional, y capital de un departamento que ha padecido el azote del terrorismo, del narcotráfico y del accionar de los violentos, envío un mensaje firme al pueblo: ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad.
Seré el Presidente de todos los colombianos: de quienes me honraron con su voto y de quienes, en ejercicio de su libertad, depositaron su confianza en otras opciones políticas. Ejerceré esta responsabilidad al servicio de todos, con convicciones claras y un programa sólido, porque una administración sin principios está inexorablemente condenada al fracaso. Quienes no creyeron en mi propuesta encontrarán en los hechos la demostración de que este proyecto sirve al bien común y al progreso de toda la Nación. En el gobierno que hoy comienza no hay espacio para la intransigencia. Todo lo contrario: llego con el ánimo de convocar a todos mis compatriotas.

No ignoro la magnitud de la tarea que hoy asumo, y del inmenso peso de la responsabilidad que se deposita sobre mis hombros. Ejercer la Presidencia de esta Patria, que amo entrañablemente, constituye, sin duda, la mayor distinción que Dios, el pueblo y la vida han podido concederme.
El primer campo de batalla de un gobernante es su propio corazón. Si se conserva la paz interior, se puede sembrar paz. Si se permanece en la verdad, se puede gobernar con justicia y el que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido porque el Creador batallará por él.
Nunca he sido hombre de promesas fáciles, he procurado, por el contrario, que sean los hechos los que hablen por mí. Así será a partir de ahora.
El pasado 21 de junio no ganó un hombre, ni un partido. Ganó la democracia colombiana. Ganó el derecho de millones de ciudadanos de decidir libremente el destino de la Nación. Ganó la posibilidad de que Colombia transite por el camino de la libertad, de las instituciones y del Estado de Derecho, lejos del abismo de los modelos totalitarios bolivarianos que tanto sufrimiento han causado en nuestra región.
La «extrema coherencia» que proclamé durante la campaña comienza por respetar la democracia en toda circunstancia. Cuando el resultado nos favorece y cuando las urnas expresan una voluntad distinta a la nuestra. Las elecciones que me otorgaron este mandato se desarrollaron bajo las mismas reglas, con las mismas instituciones y con las mismas garantías que permitieron la elección de la administración que hoy ha culminado. Poner en duda su legitimidad es desconocer la voluntad soberana del pueblo.
Le digo a toda la ciudadanía: en el Gobierno del Tigre, se harán respetar las reglas de la democracia, no habrá espacio para maniobras que atenten contra la estabilidad nacional, ni contra el legítimo ejercicio del mandato que hoy comienza.

Mirar hacia adelante no significa desconocer la verdad ni eludir las responsabilidades que correspondan. Durante los últimos meses realizamos un proceso serio y transparente para identificar los principales focos de corrupción. Quiero expresar mi reconocimiento al señor Vicepresidente de la República, doctor José Manuel Restrepo, quien dirigió esa labor con inteligencia, rigor, patriotismo y un inquebrantable compromiso con la verdad. Él ha sido un compañero excepcional durante todos estos meses y estoy convencido de que será un guerrero fundamental en la inmensa tarea de reconstruir a Colombia.
Desde que Rafael Núñez asumió la Presidencia, hace cerca de siglo y medio, ningún hijo del Caribe colombiano había vuelto a ocupar el Solio de Bolívar. Hoy, esa larga espera ha concluido: desde esa misma tierra llega un colombiano decidido a emprender una nueva etapa de regeneración nacional. Una expresión de Núñez quedó inscrita para siempre en nuestra historia: «Regeneración o catástrofe». Él comprendió que la supervivencia de la República exigía poner fin al experimento federal consagrado en la Constitución de Rionegro, fortaleció el poder central para preservar la unidad nacional.
Hoy el desafío es distinto: la unidad ya no está amenazada por el federalismo, pero la excesiva centralización administrativa, necesaria en otro tiempo, se ha convertido en un obstáculo para el progreso. La nueva regeneración exige un Estado nacional fuerte y unas regiones capaces de decidir, ejecutar y construir su propio desarrollo sin menoscabar la unidad de la República.
Colombia reclama una regeneración moral en el ejercicio del poder. Una regeneración institucional que devuelva fortaleza y autoridad al Estado. Una regeneración administrativa que haga de la eficiencia y de la transparencia, ¡de la transparencia!, reglas inquebrantables del servicio público. Una regeneración económica que fortalezca la iniciativa privada, la inversión, la confianza y el empleo digno. Una regeneración que destierre el odio y el resentimiento, para volver a reconocernos como hijos de una misma Patria y, por encima de nuestras diferencias ideológicas, podamos abrazarnos bajo el mismo tricolor.
Seguridad y autoridad del Estado

Álvaro Gómez Hurtado, mi entrañable maestro, escribió una obra memorable después de su secuestro a manos de la banda M-19. Aquel testimonio, nacido de una experiencia dolorosa, no es un alegato de odio. Es la reflexión serena de un estadista que, marcado por el ignominioso cautiverio, examinó la tragedia de la violencia colombiana y desmontó las falsas razones con las que se pretendió justificar el uso de las armas para alcanzar el poder.
La perversidad de sus secuestradores no tuvo límites. Se atrevieron a señalarlo como «el máximo exponente de la represión en Colombia». Lo decían de uno de los más grandes demócratas de nuestra historia; de un hombre impoluto que consagró su vida a la defensa de la República, de las libertades humanas y del debate superior de las ideas. Lo decían de un hombre singularísimo que años después sería vilmente asesinado, por exigir la moralización de la Patria.
Mi maestro tenía razón. La violencia nunca ha resuelto un solo problema de Colombia. Solo ha multiplicado nuestras tragedias. Ninguna reivindicación ni ideología pueden justificar que un colombiano levante las armas contra otro colombiano.
Lo volvimos a sufrir durante la campaña que me condujo a la victoria, marcada por el sacrificio de un mártir. Rindo un sentido homenaje a la memoria de Miguel Uribe Turbay, asesinado por los interlocutores del régimen que hoy ha terminado.
A comienzos de este siglo, bajo el Gobierno del presidente Álvaro Uribe, Colombia enfrentó con firmeza al terrorismo y restableció la autoridad del Estado. Aprendimos que cuando el Gobierno respalda a la Fuerza Pública y cumple su deber, la violencia retrocede y la gente recupera la tranquilidad. Aquella experiencia nos confirmó que la seguridad no se construye con concesiones al crimen, sino con autoridad y constancia.

Recuperar la seguridad significa devolverle la tranquilidad al ciudadano que todos los días enfrenta el miedo. Significa que el trabajador honrado no tenga que entregar el fruto de su esfuerzo al delincuente que lo extorsiona. Que la mujer trabajadora pueda utilizar el transporte público sin temor a ser víctima del delito. Que los padres puedan ver jugar a sus hijos en las calles sin miedo a que una pandilla les arrebate su futuro. Que el empresario pueda abrir las puertas de su negocio sin recibir amenazas de quienes viven de la intimidación.
Reafirmo mi determinación de derrotar, sin tregua, al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales que amenazan la libertad de Colombia. Los invito a que todos nos constituyamos en permanentes «Defensores de la Patria», porque ¡ha llegado la hora de la recuperación total de la seguridad y la libertad!
Hoy queda abolida la nefasta política de «paz total», que en la práctica fue de «narcoterrorismo total». Le imparto a las Fuerzas Militares y de Policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales. Sus integrantes tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar toda la fuerza del Estado. Que no se equivoquen: el Tigre ha llegado, y conocerán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano.

La erradicación de los cultivos ilícitos por todas las vías posibles será una prioridad nacional. La coca no se combate con estadísticas maquilladas, ni con mapas manipulados, sino arrancándola de la tierra donde hoy alimenta la violencia y el crimen. Voy a implementar la fumigación con herbicidas de última generación que no causan daño a la salud humana, no contravienen el mandato de la Honorable Corte Constitucional, y no afectan de ninguna manera al medio ambiente. Ha llegado la hora de erradicar definitivamente el flagelo de los cultivos ilícitos.
La coca ha traído muerte, corrupción y destrucción. Ha destrozado nuestras selvas, desplazado a nuestros campesinos y ha sido el combustible para el narcoterrorismo. La coca dará paso al coco, al cacao, el maíz y a una agricultura honrada, próspera y libre. No confundiré jamás al campesino con el narcotraficante. Quienes hayan sido forzados al cultivo de coca por la pobreza, el abandono o la intimidación de los grupos armados, recibirán apoyo estatal mediante programas efectivos de sustitución, asistencia técnica, crédito y acceso a mercados.
No habrá un solo espacio de nuestro territorio donde los delincuentes puedan sentirse a salvo. Hago mías las palabras de Winston Churchill: «La victoria a toda costa. La victoria a pesar de todo el terror. La victoria, por largo y duro que sea el camino, porque sin la victoria no hay supervivencia».
En las próximas horas, mi gobierno expedirá el «listado de grupos narcoterroristas», con el propósito de dotar a nuestra gloriosa Fuerza Pública de instrumentos eficaces para el combate frontal del crimen. La opción del diálogo está agotada. El Estado históricamente fue suficientemente noble. El Estado, bajo el régimen que ha terminado, fue suficientemente cómplice.
La autoridad tampoco termina con la captura de los delincuentes. En mi gobierno se construirán megacárceles destinados a recluir a quienes representan la mayoramenaza para la seguridad del pueblo.

Militares y policías de la Patria: tengan la certeza de que este gobierno los protegerá. Se les brindará todas las garantías jurídicas para que no sean perseguidos por cuenta del cumplimiento de su deber. Conmigo, como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, tendrán a un defensor de todas las horas. En sus manos está una parte esencial de la construcción de la «Patria Milagro».
El pueblo colombiano conoce mi posición frente a la denominada Jurisdicción Especial para la Paz. La expresé con claridad durante la campaña presidencial. Una Nación que durante décadas ha padecido los rigores del terrorismo no puede aceptar que la justicia se convierta en un mecanismo de indulgencia frente a quienes derramaron la sangre de cientos de miles de compatriotas. Respetaré el orden jurídico vigente, sin que ello signifique renunciar al deber de revisar, con absoluto rigor, la naturaleza y los efectos de una jurisdicción que nació desconociendo la voluntad popular. La reconciliación no se edifica sobre el olvido ni sobre la absolución ilegítima de la violencia. La verdadera reconciliación descansa sobre la dignidad de las víctimas, el imperio de la Ley y la certeza de que en Colombia ningún crimen atroz volverá a ser tratado con guantes de seda por parte del Estado.
Parafraseando a ese gran protagonista de la transición democrática española, Adolfo Suárez, puedo prometer y prometo que gobernaré desde las regiones. Puedo prometer y prometo que dedicaré todas mis energías a recorrer el territorio nacional, porque ningún compatriota puede sentirse abandonado por el gobierno. Y puedo prometer y prometo que trabajaré sin descanso para que, al concluir este mandato, Colombia pueda afirmar orgullosamente que la autoridad volvió a sentirse en cada rincón de la Patria.
Recuperación institucional y moral pública

La Constitución distribuyó el poder para evitar su concentración, pero también para garantizar la estabilidad de la República. Respetaré la independencia de cada una de las ramas del poder público, porque así me lo exigen mi formación académica, mi trayectoria profesional y mi visión de Estado. Ese equilibrio entre los poderes públicos constituye una garantía irrenunciable de la libertad y un principio republicano que debo proteger, fortalecer y honrar con cada una de mis actuaciones.
La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo estará guiada por un principio inquebrantable de transparencia. No habrá acuerdos personales ni negociaciones ocultas. El diálogo será institucional, bajo el escrutinio permanente de los colombianos, para que conozcan las iniciativas del Gobierno y las decisiones que, sobre ellas, adopte el Congreso de la República. Todas las fuerzas políticas, tanto las que acompañen al Gobierno como las que ejerzan oposición, gozarán de las mismas garantías para participar en la noble batalla democrática. En la «Patria Milagro» nadie será perseguido por pensar distinto, ni privilegiado por respaldar al Gobierno Nacional. Que no haya espacio para las dudas: las mayorías tendrán derecho a gobernar y las minorías el derecho de controvertir, con las mismas garantías que les reconoce la Constitución.
La Rama Judicial ocupa un lugar imprescindible en el orden republicano. En la independencia de los jueces encuentran amparo los derechos de los ciudadanos, límite el ejercicio del poder y firmeza la vida democrática. La Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado encarnan las más altas garantías de la Nación. A ellas corresponde asegurar la supremacía de la Constitución y someter la actuación del Estado al imperio de la ley. De la autonomía y de la autoridad de la justicia, depende la estabilidad institucional de la Patria.

Mi Gobierno no interferirá, como le corresponde, en las decisiones de los jueces, ni pretenderá invadir competencias que la Constitución ha confiado a otras autoridades. Mi relación con la Rama Judicial estará regida por la colaboración armónica y el respeto recíproco.
Quiero ser igualmente inequívoco: durante mi Gobierno no se abrirá camino a constituyentes de ninguna naturaleza. No creo en asambleas convocadas para alterar las reglas de la República, prolongar el ejercicio del poder o rehacer las instituciones al capricho de quienes gobiernan. Thomas Jefferson advirtió que nunca faltarán dificultades reales capaces de servir como pretexto para prolongar el ejercicio de poder. Por eso sostuvo que ninguna excusa debía prevalecer sobre el principio republicano de la rotación. En Colombia tampoco habrá excusas. Gobernaré durante los cuatro años que ordena la Constitución, trabajaré cada uno de sus días y cada una de sus noches. Cuatro años son más que suficientes para cumplir el programa que recibió el respaldo de mis compatriotas. Al concluir ese término, entregaré la Presidencia con las instituciones fortalecidas y la conciencia de haber consagrado cada hora al servicio de Colombia.
Colombia ha tenido que librar grandes batallas para defender su libertad frente al terrorismo, al narcotráfico y todas las formas de criminalidad. Pero existe otro gran enemigo, menos visible y no por ello menos destructivo: la corrupción. Los que se apropian del dinero del pueblo son unos forajidos que atentan contra el bienestar de todos. Los cuatro años que hoy concluyen estuvieron marcados por un manejo inaceptable de los recursos públicos. El erario fue tratado con una irresponsabilidad que indigna a cualquier ciudadano honrado. La contratación pública dejó de servir al interés general para convertirse en vehículo de expoliación. Mientras millones de compatriotas cumplían con sus obligaciones tributarias, desde el alto Gobierno trataron esos recursos como botín propio. ¡Eso se ha acabado!

La lucha contra la corrupción no será una declaración de buenas intenciones. Será un método permanente de gobierno. Hoy mismo ordenaré la implementación de herramientas modernas para prevenir, detectar y perseguir el uso indebido de los recursos públicos. El expresidente Marco Fidel Suárez, en esa obra admirable e injustamente relegada por el paso del tiempo que son «Los sueños de Luciano Pulgar», enseña que los dineros públicos deben guardarse «con siete llaves» y que jamás deben tocarse antes de ser empleados «en forma muy atenta y prolija». Esa máxima será una norma de conducta inquebrantable para todos los servidores de mi administración.
Utilizaremos la Inteligencia Artificial, sistemas de análisis de datos, tecnologías de trazabilidad digital y herramientas como blockchain para fortalecer la transparencia, identificar patrones de corrupción y garantizar que cada peso del Estado pueda ser vigilado desde su origen hasta su destino final. Pero ninguna tecnología será suficiente si no existe una ciudadanía comprometida con la defensa de lo que pertenece a todos. Colombia entera debe convertirse en una «Manada» cuando se trate de proteger los recursos públicos. Una Nación unida, vigilante y decidida a impedir que unos pocos se apropien de lo que es de todos.
A los corruptos no los despacharemos con una simple condena moral. Desde el día de la victoria, mi equipo emprendió la tarea de documentar el vasto entramado de corrupción. Toda la información y las evidencias serán puestas en conocimiento de las autoridades judiciales y de los organismos de control competentes. Acudiremos a la justicia de otros Estados y a los mecanismos de cooperación internacional, porque las fronteras no pueden convertirse en refugio para quienes pretendan esconder el producto de la corrupción.Que lo oigan bien quienes saquearon a Colombia: ¡No habrá impunidad! No habrá escondite en el que puedan evadir las consecuencias de sus actos. Los encontraré y los llevaré ante la justicia.
Lo aseguré durante la campaña, lo sostuve después de recibir el mandato del pueblo y lo ratifico hoy ante toda la Nación y el mundo: el mío será un gobierno que contará con el concurso de las mejores inteligencias. Me rodearé por los hombres y mujeres más preparados, íntegros y capaces. Trabajaré con quienes han honrado la academia, la ciencia, la empresa, el campo, la cultura, las Fuerzas Armadas, la justicia, el servicio público y todas las actividades que ennoblecen la nación.
Esa convocatoria encontró una respuesta extraordinaria. A través del «Banco de Talentos» que abrimos para recibir las hojas de vida de quienes quieren aportar a esta administración, más de trescientas mil personas decidieron poner su conocimiento, su experiencia y su vocación al servicio de la «Patria Milagro». De allí surgió quien será la nueva Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación. Ella es la prueba de que nuestro país está lleno de talentos que solo esperaban una oportunidad. Son los «NUNCA» de los que he hablado: colombianos que tienen todo para transformar. El único mérito que reconocerá mi Gobierno es el mérito mismo.
Las mujeres tendrán un papel fundamental en esta tarea. Conformaré un equipo de mujeres excepcionales en las distintas áreas del Gobierno, porque durante largo tiempo muchas colombianas con talento, preparación y carácter fueron relegadas a un segundo plano. Ellas, que hacen posible el milagro más grande de la existencia humana, serán las protagonistas de la construcción de la «Patria Milagro». Entonces, comprobaremos que el verdadero límite nunca estuvo en las capacidades de los colombianos, sino en la ausencia de un propósito común.
Reconstrucción económica

La recuperación económica de Colombia comienza por la conquista de la confianza, que es uno de los bienes más valiosos que puede tener una Nación. Ninguna economía prospera cuando el Estado gasta sin control, desalienta la inversión, pierde el respeto por el dinero de los contribuyentes y compromete irresponsablemente el futuro de las nuevas generaciones.
En las próximas horas firmaré el decreto de congelamiento del gasto público. El régimen que abandona el poder impulsó un crecimiento desmedido del gasto, con base en un endeudamiento que debilitó las finanzas nacionales. Antes de emprender las grandes transformaciones económicas que Colombia necesita, tenemos que poner la casa en orden. Ese será el primer deber de mi Gobierno.
La austeridad no recaerá sobre quienes más necesitan la protección del Estado. Tengan la certeza de que los programas dirigidos a la población más vulnerable serán preservados. Desaparecerán el despilfarro, el abuso y los «colados» que han desviado recursos destinados a quienes verdaderamente los necesitan.
La disciplina en el gasto es indispensable, pero por sí sola no basta. Necesitamos volver a crecer, producir, exportar y generar riqueza. Quiero decirles a los empresarios de Colombia –grandes, medianos y pequeños– que este Gobierno será su aliado. Invertir en Colombia volverá a ser una decisión segura y rentable para ustedes.

Mi gobierno presentará una reforma estructural del sistema tributario para simplificarlo. Mi objetivo es combatir la evasión y crear un ambiente favorable para la inversión, la producción y el empleo. Lo dije como candidato y hoy lo corroboro como Presidente: el impuesto al patrimonio será eliminado. Debemos dejar de castigar a quienes invierten y generan riqueza. La prosperidad no nace de gravar el éxito, sino de crear condiciones para que millones de colombianos puedan emprender, trabajar y progresar.
Quiero dirigirme también a los compatriotas que, desde la informalidad, salen cada mañana a trabajar honradamente para sostener a sus familias. Este Gobierno se esforzará para abrirles las puertas de la formalidad, del crédito y de nuevas oportunidades.
Seré totalmente respetuoso de la independencia del Banco de la República, una institución ejemplar que, gracias a su rigor técnico y su credibilidad, se ha consolidado entre los bancos centrales más prestigiosos del mundo. Mi equipo económico tiene instrucciones precisas de recuperar el prestigio de Colombia ante la comunidad internacional. Volveremos a ser reconocidos como un Estado serio, confiable y seguro para invertir. Cuando regresan la confianza y la estabilidad, llegan también la inversión, el empleo, el crecimiento y las oportunidades. Ese será otro de los pilares de la «Patria Milagro».
Hidrocarburos y energía

La seguridad energética es un asunto de soberanía nacional. Ningún país del mundo puede aspirar a un futuro de prosperidad si deliberadamente renuncia a aprovechar los recursos que el Creador puso en su territorio.
Ecopetrol, la empresa más importante del país, y uno de los mayores patrimonios de la Nación, fue alevosamente depredada durante los cuatro años que hoy concluyen. Sus utilidades pasaron de treinta y dos billones en 2022 a nueve billones el año pasado. Perdió la Nación, pero también perdieron cientos de miles de compatriotas que invirtieron sus ahorros en esa compañía. Recuperar a Ecopetrol es una prioridad para mi gobierno.
No podemos resignarnos a tener reservas probadas de petróleo para apenas unos años, ni aceptar la caída de nuestras reservas de gas. Impulsaré una política firme de exploración y producción de hidrocarburos. Anuncio que se autorizará, bajo los más altos estándares técnicos y ambientales, el desarrollo del fracking responsable y sostenible. Gracias a esta decisión, podremos garantizar nuestra seguridad energética y evitaremos que continúe el empobrecimiento sistemático de nuestro país.
Creo en la transición energética. Estoy convencido de que debemos avanzar hacia fuentes de energía cada vez más limpias, eficientes y diversificadas. Pero esa transición debe erigirse desde la fortaleza y no desde la debilidad. Desde la autosuficiencia y no desde la dependencia. Recuperaremos la solidez de Ecopetrol. Ampliaremos nuestras reservas estratégicas y aseguraremos el abastecimiento de petróleo y gas, atrayendo nuevamente la inversión a ese importante sector.

Compatriotas: recibo un sistema energético en una situación crítica, con reservas insuficientes, proyectos fundamentales paralizados o retrasados y una demanda que crece a un ritmo superior a nuestra capacidad de generación. La irresponsabilidad de estos años puso en grave riesgo la seguridad energética del país.
El «Fenómeno del Niño» no da espera. Para superarlo es imperativo implementar soluciones urgentes. He dado instrucciones para que se adopten las decisiones regulatorias y de inversión necesarias para recuperar el margen de seguridad, aceleración de proyectos estratégicos y evitar la amenaza de racionamientos o apagones. Le anuncio al país que fortaleceré la generación térmica, protegeré los embalses y diversificaré la matriz energética para reducir nuestra vulnerabilidad frente a las sequías.
El campo colombiano

El campo colombiano no ha fracasado. Ha sido abandonado, empobrecido y convertido en escenario de violencia. Nuestros campesinos han padecido la falta de crédito, la ausencia de oportunidades y el incumplimiento reiterado de las promesas que tantas veces se les hicieron.
El campo es una de las mayores reservas morales y productivas de la Patria. Rindo homenaje al campesino que trabaja la tierra con dignidad; al productor que jamás renuncia; a las familias rurales que, con el sudor de su frente, proveen el alimento de los colombianos. Voy a darle al mundo rural el crédito, la asistencia técnica, vías, conectividad, seguridad, presencia efectiva del Estado y una comercialización justa. El programa de «cosecha solidaria» que emprendí como particular, será convertido en una política de este gobierno.
La Orinoquía colombiana será nuestro Mato Grosso con vocación a convertirse en una despensa agrícola mundial que garantizará nuestra soberanía alimentaria, pero además será motor del crecimiento económico de la «Patria Milagro». Campesinos de la Patria: ustedes dejarán de sobrevivir para empezar a prosperar. Encontrarán en mí un aliado permanente en la defensa de sus derechos. Tengan la certeza de que cuando el campo se levante, con él renacerá una parte esencial de la República.
El Gobierno del Tigre no asumirá el asunto de la salud con tesis ideológicas. Llego con la determinación de corregir lo que sea necesario, recuperar lo que se ha deteriorado y fortalecer todo aquello que sirva al bienestar de la gente. Mi propósito es que ningún colombiano vuelva a sentir que, en el momento de mayor angustia, quedó solo frente a la enfermedad.
El porvenir de un pueblo se construye en sus escuelas, colegios y universidades. La educación es el más poderoso ascensor social que tiene una Nación. Es el instrumento que permite que el mérito abra las puertas de la oportunidad y que cada ciudadano pueda construir, con sus capacidades, una vida mejor. Alcanzaremos la excelencia académica, dignificaremos la labor de nuestros maestros, fortaleceremos la educación técnica, tecnológica y universitaria. Impulsaremos la investigación, la ciencia y la innovación.
Queremos formar ciudadanos íntegros y profesionales altamente calificados, capaces de responder a las exigencias del mundo contemporáneo, de crear empresa, de generar empleo, aportar al desarrollo y encontrar en Colombia oportunidades para realizar su proyecto de vida. De nada sirve entregar un diploma si este no abre las puertas al trabajo, al emprendimiento y a un mejor porvenir.

Colombia debe incorporarse plenamente a la «cuarta revolución industrial». Promoveré la formación de nuestros niños y jóvenes en las nuevas áreas del conocimiento que están transformando el mundo. La Inteligencia Artificial, la programación, la ciencia de datos, la robótica y las nuevas tecnologías son las formaciones que el mundo demanda. Ahí no está el futuro; ¡está el presente! No quiero que nuestros jóvenes sean simples consumidores de tecnología creada en otras latitudes. Quiero que sean creadores, innovadores y protagonistas del mundo digital.
Hay un principio sobre el cual no vacilaré. La educación no puede convertirse jamás en un instrumento de adoctrinamiento ideológico. Las aulas pertenecen al conocimiento, la ciencia, las humanidades y al pensamiento libre. Nunca a la propaganda política. La misión de la escuela consiste en enseñar a pensar, pero no en decirles a nuestros niños y jóvenes qué deben pensar.
El renacer también deberá ser cultural. Una Nación que pierde de vista su identidad termina extraviando su destino. Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor a la Patria y la responsabilidad individual. No permitiré que se siga ridiculizando aquello que durante generaciones ha hecho fuerte a nuestra sociedad. Colombia volverá a reconocerse en sus mejores tradiciones, abierta al mundo, pero firme en su identidad.
Nuestra verdadera deuda ancestral consiste en honrar y exaltar el legado de quienes nos precedieron: nuestros pueblos indígenas, afrocolombianos, raizales y palenqueros, y todas las generaciones que, con su cultura y sacrificios, forjaron a nuestra Nación. La batalla cultural es devolverle a Colombia la confianza en sus principios y valores fundacionales. Porque la «Patria Milagro» solo podrá edificarse sobre una sociedad que se respete a sí misma, que conozca quién es, que se reconcilie con su historia, que esté segura de sus valores y que sea capaz de construir un futuro de orgullo y prosperidad.

No existe política pública capaz de reemplazar la obra que una familia unida puede realizar por sus hijos y un país. En los hogares se aprenden los principios, se cultivan las virtudes y se forman los ciudadanos. La fortaleza de la familia es la fortaleza de Colombia.
Proteger a las mujeres y a los niños constituye uno de los deberes más elevados del Estado. La manera como una sociedad los acompaña revela su verdadero compromiso con la dignidad humana.209. Ninguna mujer puede vivir bajo el temor de la violencia. Ningún niño puede crecer privado del amor, del cuidado y de las oportunidades necesarias para desarrollar los talentos que Dios le concedió. Mi gobierno no tolerará ninguna forma de violencia contra mujeres y niños. Todo el peso de la ley caerá sobre quienes se atrevan a maltratarlos. Aquel que atente contra una mujer o un niño merece ser castigado con cadena perpetua.
Los colombianos que viven en la pobreza no serán relegados ni utilizados como argumento político. Mi gobierno concentrará en ellos sus mayores esfuerzos para que encuentren salud, educación, trabajo, vivienda y condiciones reales para una vida mejor. Ellos serán los principales beneficiarios de la «Patria Milagro». No aceptaré una prosperidad reservada para unos pocos. El crecimiento deberá reflejarse, ante todo, en la vida de quienes más necesitan avanzar. Mi mayor fuente de angustia son los pobres, y por ellos me la voy a jugar. La contracara de la «Patria Milagro», ¡es la justicia social!
Infraestructura
La infraestructura dejará de ser un instrumento de retaliación política, como ocurrió en los últimos años. Las obras públicas se definirán con criterios técnicos, de viabilidad e impacto para las comunidades, nunca por la afinidad o discrepancia regional con el Gobierno Nacional. Reactivaré los proyectos estratégicos que están congelados. El gobierno trabajará de la mano con gobernadores y alcaldes para definir prioridades y llevar las obras hasta su culminación. Allí donde llegue la infraestructura, llegarán también el empleo, la inversión y el progreso de las regiones.
Política exterior y Comercio exterior

A partir de hoy, Colombia volverá a hacer sentir su voz con autoridad en el escenario internacional, defendiendo los intereses superiores de la Nación. Fortaleceré nuestras relaciones con todos los países del mundo, sobre la base del respeto mutuo. Consolidaré de manera especial, las alianzas estratégicas con aquellas naciones que comparten los valores de democracia, libertad y respeto por la dignidad humana.
Gracias a nuestra política exterior, recuperaremos el liderazgo que históricamente nos ha correspondido en Iberoamérica y en nuestro hemisferio, siempre orientado a promover la integración y el desarrollo de nuestros pueblos, y no la ideologización de las relaciones internacionales. Nuestro país será el primero en levantar su voz para condenar, sin ambigüedades, toda forma de totalitarismo, de dictadura, de opresión y de persecución política.
Colombia, desde ahora mismo, deja de ser un paria que contemporiza con el delito transnacional. Asumiremos un papel de liderazgo en la lucha contra el crimen global organizado. Mi gobierno impulsará una estrecha articulación internacional en materia de inteligencia, seguridad, justicia y persecución de las finanzas criminales. Uno de mis primeros actos de Gobierno, al finalizar esta ceremonia, será suscribir el «Escudo de las Américas», una iniciativa que permitirá unir capacidades, compartir información estratégica y fortalecer la acción conjunta de las naciones libres frente a las amenazas que afectan la seguridad regional. Ningún Estado puede derrotar, por sí solo, estructuras que operan a escala global.
La política exterior es un poderoso instrumento para el crecimiento económico. Fortaleceremos los Tratados de Libre Comercio existentes, promoveremos nuevos acuerdos que amplíen nuestras oportunidades, y defenderemos con firmeza los intereses de nuestros productores. Ningún exportador volverá a sentirse solo cuando defienda su derecho a competir en condiciones justas, o cuando salga a conquistar nuevos mercados. Buscaremos la eliminación de las barreras arancelarias.
Designaré embajadores que representen dignamente a Colombia y que, además, abran puertas, faciliten la conquista de nuevos mercados, atraigan inversión, identifiquen oportunidades y acompañen activamente a nuestros empresarios en el mundo. Cada embajada deberá convertirse en un instrumento eficaz al servicio del desarrollo y la proyección internacional de Colombia.

Permítanme hacer una pausa para expresar mi gratitud a Ana Lucía, compañera inseparable de mi vida, por su amor, su fortaleza y por la sabiduría de su consejo en los momentos más decisivos de este camino. A mis hijos Lucia, Salvador, Filippo y Francesca, quiero decirles que los próximos años impondrán a su padre largas horas de trabajo y enormes responsabilidades. Pero tengan la certeza de que siempre encontrarán en mí al mismo padre atento, cercano, divertido y amoroso. Cada hora dedicada al servicio de la Patria tendrá un único propósito: construir el país que ustedes, y todos los niños colombianos, merecen tener.
Quiero expresar también mi gratitud a mis padres, hermanos y a toda mi familia. Al equipo de la campaña y a los miles de voluntarios que entregaron su tiempo y su esfuerzo para llevar este proyecto a cada rincón de la Patria y el planeta. A los Ministros, altos funcionarios y servidores que asumirán conmigo esta responsabilidad, les agradezco desde ahora su disposición y compromiso. Sé que vendrán años de trabajo intenso, de sacrificios personales y de grandes exigencias que también recaerán sobre sus familias. Ninguna transformación nacional es posible sin hombres y mujeres dispuestos a entregar parte de su tranquilidad personal al servicio de una causa superior.
Me encomiendo a Dios todos los días, para que el mal no me pueda tocar. Para que el ruido del mundo no me distraiga y Su voz sea siempre más fuerte. Para que el poder nunca ocupe el lugar del servicio, para que conserve mi corazón dócil para escuchar, humilde para corregir el rumbo cuando sea necesario y valiente para hacer siempre lo que es justo, aunque cueste.

Con el respaldo de mis compatriotas, el trabajo del equipo que me acompañará, y la amistad de las naciones libres del mundo, iniciaremos una etapa llamada a devolverle a Colombia la confianza en su propio destino. Este será un Gobierno de «Extrema Coherencia». Coherencia entre la palabra y la acción, entre las promesas y los hechos, entre los principios que defiendo y las decisiones que tomaré.
Trabajaré para que, al concluir este mandato, los colombianos puedan afirmar que recuperamos la grandeza. Que el optimismo desplazó al desaliento. Que Colombia encontró el camino para resolver sus problemas y que las nuevas generaciones crecieron convencidas de que EN ESTA TIERRA podían construir su futuro sin tener que buscarlo lejos de ella.
Me esforzaré por liderar la construcción de un país que inspire respeto por la seriedad de sus instituciones, por la solidez de su economía, por la calidad de su gente y por la firmeza de sus principios. No ignoro la magnitud del desafío. Habrá dificultades, momentos de incertidumbre y decisiones que exigirán firmeza. Jamás aceptaré que el pesimismo se convierta en una política de Estado.

Ha llegado, queridos compatriotas, el momento de poner al servicio del progreso el mismo carácter con el que durante décadas hemos enfrentado la adversidad. Aquel es el espíritu del Gobierno del Tigre: firme para defender a Colombia e incasable para transformarla. Eso es, para mí, la «Patria Milagro»: una Nación que descubre que su mayor riqueza no está solamente en lo que la naturaleza le concedió, sino en la templanza de sus gentes. Un pueblo que deja de preguntarse hasta dónde puede llegar y empieza a demostrar de lo que realmente es capaz.
Ese ideal será el resultado del trabajo honrado, de la libertad defendida y de la decisión de no conformarnos JAMÁS con una Colombia simplemente posible, sino de hacer realidad la Nación extraordinaria que estamos destinados a ser. Nadie, absolutamente nadie, sobra en esta empresa. Debemos entregar lo mejor de nosotros para estar a la altura de la misión que tenemos por delante.
Que Dios bendiga a cada uno de sus hijos. Que ilumine nuestro entendimiento, afirme nuestro carácter y guíe nuestras decisiones para que, entre todos, hagamos de nuestra amada Colombia la «Patria Milagro». Hoy, más que nunca, los abrazo y los convoco para que asumamos juntos esta tarea histórica con una convicción irrenunciable: ¡Todo por Patria, nada sin ella! ¡Firmes por la Patria! ¡Que viva Cristo Rey!

Oficina de Prensa del Presidente Electo de la República de Colombia
Equipo Revista Espectacular2000















