Don Juan Absalón: El lotero que abre la esperanza en Dosquebradas

  • A sus 88 años, Don Juan Absalón Sánchez Bueno madruga cada día frente a Mercamás en Dosquebradas con su «chacita» llena de esperanza. Tras superar el terremoto y los duros altibajos económicos, este lotero chocoano es un símbolo vivo de dignidad, resiliencia y amor por la Lotería del Risaralda.

Dosquebradas, Risaralda 20 de octubre de 2026.

A las 7:00 a.m., cuando Dosquebradas apenas se empieza a activar, Don Juan Absalón Sánchez ya está allí.

Con sus manos curtidas por el tiempo y una dignidad intacta, este carismático lotero acomoda los trastos donde lleva la sopa y la aguapanela que él mismo cocina. Sonríe con picardía y dice que él llega a abrir Mercamás, porque muchas veces sus pasos apresurados le ganan al reloj y al propio cerrojo del supermercado.

A sus 88 años, nacido un 5 de octubre de 1937 en el verde profundo de Tadó, Chocó, Don Juan no conoce el descanso, pero sí conoce de sobra la gratitud. Su presencia en su pequeña “chacita” de Lotería es un faro de dignidad en el municipio industrial, una lección viva de resiliencia frente a la adversidad.

Un sueño de aviones y veinte años de sombreros

La historia de Don Juan en esta tierra risaraldense comenzó en 1959, guiada por un presagio nocturno. “Mi anhelo de venir a Pereira fue por intermedio de varios sueños. Yo soñaba cogiendo un avión y llegando aquí”, recuerda con la mirada fija en el horizonte. Con la bendición de sus padres, dejó el Chocó natal para internarse en un paisaje donde el monte todavía alcanzaba a lo que hoy es Ciudad Victoria.

Allí comenzó a luchar. Trabajó primero en un hotel por un peso diario que, en aquellos tiempos de juventud, le sabía a fortuna porque le garantizaba techo y alimento. Más tarde, entregó dos décadas de su vida a una sombrerería. Pero la vida, implacable, le reservaba altibajos económicos. Cayó y se levantó varias veces, mutando de oficio, vendiendo aguacates con madrugadas voraces, hasta que tras la pandemia encontró en la venta de lotería una oportunidad para no rendirse jamás.

Ángeles en el camino y el amor por “La Risa”

En el mapa de su existencia, Don Juan no guarda rencores con la suerte, prefiere nombrar a las personas de buen corazón que Dios le atravesó en el camino. Recuerda a Daniel y a Luz Helena, los distribuidores de lotería que sin dudarlo le abrieron crédito cuando más lo necesitaba. Fue Luz Helena quien, además de ofrecerle su amistad y sacarle sonrisas diarias, le regaló la «chacita» que hoy es su puesto de trabajo y su trinchera.

Y en Dosquebradas, su hogar adoptivo fue el sector de Mercamás, allí encontró en Don Marcelino y en Don Orlando, dueño y administrador del establecimiento, respectivamente, una figura paternal y protectora. “Ellos me han tenido siempre en la buena. Don Orlando me ayudó a acomodar la chacita aquí. Estoy bien acogido por los dueños de esto”, afirma con la voz quebrada por el afecto.

Desde su rincón, Don Juan comercializa las distintas loterías del país, pero confiesa que su verdadera devoción es por la Lotería del Risaralda, a la que cariñosamente llama “La Risa”. De los 120 billetes que surte cada semana, la mayoría son de la casa, porque sabe que en cada fracción no solo vende el sueño de un premio mayor, sino que recoge el sustento para sus días y genera los recursos que van directo a la salud de los hospitales públicos.

La tierra rugió, pero la fe se mantuvo de pie

El pasado 10 de agosto, la tierra tembló con fuerza. Don Juan estaba parado en su puesto habitual de Mercamás, terminándose un tinto caliente. “Sentí que me movían los pies, volteé a ver… no señor, era la tierra”. Las paredes del sector sufrieron grietas profundas y el caos se apoderó de las calles.

A pesar del susto y de tener que trasladarse a la acera de enfrente mientras las estructuras eran evaluadas, Don Juan no abandonó su labor. Aquellos días posteriores fueron amargos: la gente, sobrecogida por la tragedia, buscaba a sus seres queridos y nadie pensaba en la suerte. LLegó a vender solo una o dos fracciones al día. Sacó de su propio bolsillo golpeado para pagar los pasajes y cumplirle a las agencias con las devoluciones a tiempo. Pero no renegó.

“El altibajo económico mío es así, estoy acostumbrado a saber que no todos los días se hacen las mismas ventas. Pero el Señor me tiene alentado, tengo la mercancía con qué trabajar y estoy haciendo bulla”, expresa con una entereza que conmueve hasta el alma.

Un llamado a la solidaridad en Dosquebradas

Don Juan Absalón no pide caridad, pide trabajo y la oportunidad de seguir siendo útil a la sociedad. Todos los días, desde las 7:00 de la mañana hasta bien entrada la tarde, este hombre noble aguarda a los apostadores en las afueras de Mercamás en Dosquebradas, listo para regalar una bendición, una conversación amena y el billete que puede cambiar vidas.

Comprarle un billete de la Lotería del Risaralda a Don Juan es abrazar la historia de un Chocoano que echó raíces en nuestra tierra, es apoyar a la red hospitalaria departamental y, sobre todo, es garantizar que este ejemplo viviente de dignidad vuelva a casa con el pan ganado con el sudor de su frente.

Cuando pase por el sector de Mercamás en Dosquebradas, busque a Don Juan. Pregúntele por «La Risa», cómprele su billete y llévese a casa el privilegio de haber saludado a uno de los tesoros humanos más valiosos de la Lotería del Risaralda.

Prensa Gobernación de Risaralda



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