SEGUIMOS REPITIENDO TRAGEDIAS EN EL MISMO LUGAR

Por Humberto Tobón.

Era 23 noviembre de 1979 y un poderoso terremoto de 7.2 en la escala de Richter, sacudió con una violencia inusitada gran parte del país, ocasionándole la muerte a 50 personas y generando una afectación muy alta en la región del centro occidente, especialmente en Pereira.

Muchas edificaciones colapsaron en la ciudad, especialmente en un cordón urbano comprendido entre las calles 3 y 48 con carreras 9 a 13. La mayoría de las muertes ocurrieron en este perímetro.

Se dijo entonces que ello se debía a que las construcciones colapsadas se habían levantado sobre los terrenos que recorre la quebrada Egoyá, la cual fue canalizada hace 100 años en un tramo de casi cinco kilómetros de oriente a occidente.

Se tomaron medidas para mejorar las condiciones técnicas de este colector que recibe aguas lluvias y residuales, para que no siguiera afectando el suelo y este pudiera ser habilitado para nuevas construcciones.

Muchos especialistas no estuvieron de acuerdo con las decisiones del gobierno municipal. A pesar de las advertencias de que no se debía seguir construyendo sobre este corredor, no se prestó atención y las consecuencias han sido desastrosas.

En los terremotos de 1995 y 1999, las edificaciones ubicadas en inmediaciones de la carrera 12, por donde pasa Egoyá, resultaron nuevamente afectadas y la mayoría de las muertes ocurrieron allí.

Ahora Pereira se enfrenta a las consecuencias de un terremoto más fuerte que el de 1979 y ve cómo en ese mismo espacio urbano que causó tantos desastres en el pasado, se repite la historia.

Los edificios cercanos al parque de La Rebeca y los instalados a lo largo de los barrios Popular Modelo, Circunvalar, Pinares, Alpes y comuna Villavicencio, incluyendo la Clínica Comfamiliar, Invico, Centro Comercial Pereira Plaza, la Gobernación de Risaralda, la iglesia San José y Fiducentro, entre muchos otros, quedaron muy afectados y varios de ellos tendrán que ser demolidos.

Lo cierto es que la alcaldía de Pereira y su secretaría de planeación, así como los curadores urbanos, han prestado oídos sordos durante décadas a las advertencias técnicas y han facilitado que nuevas edificaciones se levanten en estos terrenos.

El dolor de la tragedia pasará. Las licencias de reconstrucción y construcción se seguirán expidiendo y en unas dos décadas volveremos a recordar, cuando un nuevo terremoto sacuda la tierra, y caigan más edificios y se contabilicen más muertos, que allí, en la zona de influencia de Egoyá, no se debió haber construido.

Expreso mi inmenso dolor y mi solidaridad a quienes perdieron a sus familiares por efectos de este terremoto.

Economista y periodista



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