
- El terremoto había pasado, pero en la Gobernación de Risaralda nadie sentía que la tierra hubiera dejado de moverse.
Pereira, Risaralda, 19 de agosto de 2026.
Mientras se coordinaban ayudas para los municipios afectados, también había funcionarios y contratistas intentando saber cómo estaban sus propias familias.
Algunos tenían viviendas averiadas. Otros habían perdido enseres. Muchos habían pasado la noche con miedo y, aun así, regresaron a trabajar.
Fue entonces cuando el gobernador Juan Diego Patiño Ochoa y la primera dama Catalina Giraldo Henao hicieron una pregunta sencilla:
¿CÓMO ESTÁN LOS NUESTROS?
Sin descuidar la atención para todo Risaralda, comenzaron a identificar a quienes necesitaban ayuda y a gestionar apoyos para ellos y sus familias.
Pero pronto entendieron que una emergencia no deja solamente daños materiales. También deja miedo, incertidumbre y cansancio.
Por eso hubo alimentos y elementos básicos, pero también acompañamiento espiritual, una conversación, una oración y un abrazo.
ESPACIO PARA LAS MASCOTAS
Porque para muchas de esas familias, sus perros y gatos también son parte del hogar y también sintieron el miedo del terremoto.
Mientras afuera continuaba la respuesta para los 14 municipios, adentro se construía otra cadena de solidaridad. No era una tarea aparte. Era cuidar a quienes estaban cuidando.
La tragedia había golpeado a todo Risaralda, incluidos quienes estaban trabajando para atenderla. Y por eso, mientras se gestionaban ayudas para miles de familias, también se buscó que ningún funcionario, contratista o integrante de sus hogares sintiera que estaba solo.
A veces la ayuda llegó en forma de un mercado. Otras veces, en una oración. Y algunas, simplemente, en un abrazo.
Porque después de que la tierra se mueve, también hay que ayudar a que las personas vuelvan a sentirse seguras.
Prensa Gobernación de Risaralda















