
- Gracias al apoyo del Gobernador de Risaralda, Juan Diego Patiño Ochoa, los programas Súmale a la Educación Superior y Risaralda Profesional consolidan oportunidades reales con más de 831 estudiantes beneficiados y una inversión superior a $4.938 millones en 2026.
Pereira, 09 de abril de 2026.
Los birretes volaron al aire y, con ellos, años de esfuerzo contenidos en un solo instante. En medio de aplausos y abrazos, 72 jóvenes risaraldenses celebraron un logro que no solo se mide en títulos, sino en oportunidades.
Es el cierre de una etapa, pero también el inicio de otra, en la que cada historia comienza a tomar rumbo propio.

“Muchos de los que se gradúan de los colegios quieren encontrar oportunidades para entrar a una universidad, de poder hacer carreras técnicas, tecnológicas o profesionales y hoy más de 600 jóvenes del departamento se están beneficiando con Risaralda Profesional”, aseguró el gobernador del departamento, Juan Diego Patiño Ochoa.
Detrás de este momento hay una apuesta institucional que hoy se hace visible. Desde la Gobernación de Risaralda, los programas Súmale a la Educación Superior y Risaralda Profesional han permitido que cientos de jóvenes accedan a la educación superior sin tener que salir de sus territorios.
La secretaria de Educación, Dora Ligia Agudelo Martínez, lo expresa con satisfacción al afirmar que “hoy estamos cumpliendo la apuesta de nuestro señor gobernador en educación superior”, mientras destaca que este esfuerzo se proyecta con 831 estudiantes en 2026 y una inversión cercana a los 4.938 millones de pesos, “lo que nos permite seguir generando oportunidades reales para nuestros jóvenes”.
Pero más allá de las cifras, la escena se llena de sentido en las voces de quienes hoy reciben su título.

Sara Villegas, egresada del Instituto Técnico Marillac de Santa Rosa de Cabal, sostiene su diploma con la emoción de quien reconoce la magnitud del logro a sus 16 años.
Habla con serenidad, pero también con convicción, y recuerda que “es una oportunidad muy grande salir con un técnico a tan corta edad, no se le presenta a cualquiera”.
En su relato aparecen las horas de estudio, el compromiso constante y la responsabilidad que implicó sostener el proceso. “Es de mucha disciplina, constancia y responsabilidad”, dice, mientras mira hacia adelante con claridad sobre su futuro.
La programación de software, el camino que eligió, no es solo una formación técnica, es una puerta abierta. Ella misma lo explica cuando asegura que “esto abre muchas puertas, porque permite construir una carrera desde muy jóvenes”, y reconoce que, incluso si decide seguir hacia la ingeniería u otro campo, el conocimiento adquirido será clave.
Al mencionar a su familia, deja ver la gratitud. “Ellos siempre me apoyaron desde el inicio”, cuenta, consciente de que este logro también es compartido.

A pocos pasos, Jerónimo Ocampo revive su propio recorrido. También con 16 años, describe su experiencia como un camino lleno de aprendizajes y momentos compartidos.
Recuerda que “la experiencia fue muy chévere con mis compañeros, con mis profesores y las actividades”, resaltando no solo lo académico, sino el entorno que lo acompañó en el proceso.
No oculta las dificultades. Reconoce que hubo momentos exigentes, especialmente cuando las tareas se acumulaban, pero lo resume con una frase que refleja su determinación: “hubo varios desafíos, pero todo es posible”.
En medio de la emoción del día, sus palabras se convierten en un mensaje de gratitud. “Quiero dar gracias a Dios, a mi familia y a la Gobernación de Risaralda por ayudarme a salir adelante”, expresa, dejando ver el impacto real de esta oportunidad.
Las historias de Sara y Jerónimo son parte de un resultado más amplio. De los 72 graduados, 57 pertenecen a Súmale a la Educación Superior y 15 a Risaralda Profesional, programas que hoy benefician a 831 y 293 estudiantes, respectivamente, consolidando una política pública que busca cerrar brechas y ampliar horizontes.

Esta vez, el escenario tuvo un significado especial. Los estudiantes se graduaron de la CIAF, institución aliada en el proceso formativo, gracias al convenio con la Gobernación de Risaralda que ha permitido llevar la educación superior a más jóvenes en el territorio.
En la ceremonia, entre fotografías, abrazos y miradas llenas de futuro, queda una certeza. En Risaralda, la educación no es solo una meta académica. Es una herramienta que transforma vidas, construye caminos y le da sentido a cada uno de los sueños que hoy, entre birretes, empiezan a volar.
Información – Fotos: Prensa Gobernación de Risaralda















